lunes, 22 de agosto de 2011

Punto y seguido

Más de dos años después de la primera entrada y casi un año después de la primera entrada de la segunda etapa, este blog cambia de dirección a tonienblanc.com/blog.


La entrada de presentación.

miércoles, 26 de enero de 2011

El azapache de Bertín

Os estaréis preguntando qué rayos significa azapache. Yo os explico. En una apacible madrugada otoñal, después de un concierto de LOL, y a la espera de la salida del tren de las 7 desde la ciudad de Gandia dirección València; dos amigas, un amigo y yo, nos encontrábamos sentados en una plaza hablando de Bertín Osborne. (Por favor, no salgáis corriendo todavía).

Hacedle compañía al bueno de Bertín, está en soledad.

Si la situación por sí sola no resulta sorprendente -y deplorable-, yo quería meter baza en el interesantísimo tema que nos ocupaba, y añadir al pie de un comentario sobre su aceite (tiene aceite con su nombre, el campechano), que tenía otro producto conocido. También de su huerta. Y yo es que no me imagino a Bertín con un gorro de paja, una brizna de trigo colgando de su boca, y una azada en la mano con la que labra su huerto... pero este ya es otro tema.

El caso es que yo quería hablar de una bebida hecha con tomate y otras hortalizas, utilizada especialmente en el verano para refrescarse o darse el gusto de tomarla, y que sabía que el bueno de Bertín cultivaba con cariño y esmero en su parcela de huerta. En mi mente, a tales horas, la mayor parte de las neuronas dormían y no conseguían ofrecerme el nombre de tal bebida. Neuri, la neurona que estaba de guardia me decía: Azapache, es azapache. Yo mismo razonaba, no sé con qué, y pensaba que ese nombre no era, que no me sonaba, era imposible que fuese, pero mi cabeza comandada por Neuri, me decía una y otra vez: Que sí chacho, que es azapache, no puede ser otra cosa, ¡no tiene otro nombre!

Ya convencido por Neuri y mi mente, suelto por mi boquita: Claro, tiene aceite, y también azapache. Suceden a mis palabras un silencio sepulcral. Mis amigos reaccionan riendo a los pocos segundos, preguntándome qué diantres es azapache. Yo me quedo blanco, suena la alarma en mi cerebro, se levanta la supervisora de las neuronas toda alterada, revisa el historial de sucesos mentales y se da cuenta del error: ¡era gazpacho, GAZPACHO!

La faz a carboncillo de Bertín sobre sus bricks de gazpacho

Me encamino, lo pienso y repienso, y ahora digo: ¡Leñes, quería decir gazpacho! Ahora no le siguen a mis palabras un silencio, le siguen un estallido de risas. Por las caras de mis amigos empiezan a rodar lagrimones del tamaño de Kentucky, entre carcajadas inhumanas. Bertín y su azapache gazpacho lograron combatir el madrugoso hastío, y con su campechanísmo, hacernos reír. ¡Bibah Bertín y su huerta!

jueves, 23 de diciembre de 2010

La **** Navidad

Como quien no quiere la cosa, como un bofetón que te dan sin esperarlo, así me ha llegado la Navidad. Sin tiempo para mal hablar de ella, en plena mudanza, sin plan todavía para Nochevieja, y en unas intensas semanas que me han pasado en un suspiro. Y eso que cada año parece que se adelanta más la Navidad, pero es una mentira cochina: se prepara prácticamente siempre en las mismas fechas, lo que ocurre es que de un año a otro se nos olvida.

Los villancicos, los odiosos villancicos, ya nos han hecho sangrar los oídos repetidas veces a estas alturas. Los hay que se salvan de la quema, aunque parezca increíble, pero son los menos. Hasta hace un año cantaba (sí, esto es parte de mi pasado oscuro) en un coro de música contemporánea, y recuerdo que en un concierto de Navidad cantamos un villancico tradicional, ¡pero en alemán! Y pensaréis: "Oh, como el alemán suena siempre a enfadado, seguro que el villancico no resultaba tan odioso, incluso sería divertido, jo jo jo". Pues no, siento sacaros del error. Hasta en enfadado alemán, aborrecen y resultan igual de odiosos.

Y claro, ahora es el momento de comprar regalos, de intentar hacerse rico con la lotería (aunque algunos hemos sido agraciados un mes antes y con algo mucho más valioso que el dinero), de copiosas y calóricas comidas familiares, de las felicitaciones en forma de SMS mil veces repetidas, y de entrañables (fijaos que está en cursiva) momentos. Es hora también de listas de lo mejor del año, de balances vitales, de propósitos para los 365 días que vienen, y ese tipo de cosas que medio mundo hace año tras año, pero que yo obviaré una vez más.

Os deseo feliz Navidad, feliz Año Nuevo, y todo este tipo de cosas que se dicen, si es que vosotros también las decís. Hasta el año que viene.

martes, 14 de diciembre de 2010

De mudanzas, desconexiones y otras cosas

Nunca me he mudado. Nací en un hospital por cesárea, viví allí el tiempo justo que determinaron los médicos para que no muriese al pisar la calle, y llegué al piso desde el que os escribo ahora. Cuando era un niño, y por culpa de esas utópicas películas familiares norteamericanas de las sobremesas de los fines de semana, siempre pensé en las mudanzas como algo divertido. Empaquetar todo aquello que tienes, marcharte a una casa distinta, con vecinos nuevos... Aunque a semejante temprana edad, también contemplaba los posibles traumas que podía acarrear tal cambio de aires.

Sea como fuere, ahí en las pelis las mudanzas son algo genial, pero la realidad, dista mucho de eso. Ya no sé ni las cajas que llevamos -más de 20 seguras-, y esto no es ni la mitad del proceso de empaquetado. Por otra parte, falta vaciar de ropa los armarios y cajoneras, desmontar todos los muebles y llevárnoslos. Me dejo algo seguro -por decir, no por llevarme-, y aun así, ya me parece demasiado todo.

No sabéis las cosas que pueden llegar a acumularse en una casa. Nos sorprendemos de todo lo que teníamos mis padres y yo. Llego a comprender lo que ellos tienen, ya que llevan viviendo aquí desde que se casaron, pero lo que no llego a comprender es todo lo que he ido acumulando yo. Cientos de cosas que no utilizo y que no sé porqué razón conservo.

Pero esto lo voy a intentar solucionar. En mi nueva habitación no voy a dejar hueco para trasto alguno. (Esto es la teoría, y espero que la práctica, porque no quiero una Habitación del Caos vol. 2). Las cajas de cosas inservibles, se quedarán a medio camino. Concretamente en el trastero de la casa de mi abuela, a vivir entre polvo, o la espera de una vida mejor en un Ecoparc.

Continuaría enumerando otros quebraderos de cabeza que ocasionan las mudanzas, pero el caso es que no tengo ganas, y sólo me viene uno en especial a la mente: ¡¡El tiempo que estaré sin conexión a Internet!! Iba a decir que no se alarme nadie, pero sí, alarmaros, que la cosa es seria. La que será mi nueva casa está en obras todavía, y durante un mes como mínimo, viviré en un domicilio provisional sin Internet. Eso sí que será una desconexión y vuelta a la vida 1.0...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Los lienzos de HolaLienzo.es

La Navidad está llegando, la tenemos a la vuelta de la esquina, y como buenos consumistas, o porque somos unos buenos samaritanos generosísimos, llega la hora de comprar regalos. Y viene el eterno quebradero de cabeza, ¿qué regalar? Yo hoy os traigo una muy buena opción a tener en cuenta para estas fechas, o para cualquier otras: los lienzos personalizados de HolaLienzo.es.

Esta joven empresa puede plasmar sobre lienzos de una variedad de tamaños inimaginable, cualquier clase de fotografía, ilustración, dibujo, imagen... que quedan de fábula en las paredes de nuestra casa.


Tienen diferentes tamaños en los que imprimir lo que deseemos, pero además, también puedes solicitar lienzos a medida. La impresión se realiza a 300ppp, una buenísima resolución que da un detalle realmente impresionante.

Ruth, una chica de HolaLienzo.esse puso en contacto conmigo para regalarme un lienzo con el motivo que quisiese, y así comprobase de primera mano, la calidad de los mismos. Dicho y hecho, tan pronto como me lo comunicó, me puse a pensar qué imagen elegiría para mi lienzo.


En un principio se me pasó por la cabeza alguna de mis fotos, pero ya tengo demasiadas por casa y además, quería comprobar si realmente la calidad de impresión de los lienzos era tan buena como parecía, así que decidí elegir una imagen pixel art de la ciudad de Londres. Una imagen de gran complejidad, con muchos detalles minúsculos, lo que en definitiva suponía un reto para HolaLienzo.es.

El resultado no podría haber sido más satisfactorio, ya podéis ver las fotos, y además, no veáis qué bien luce en mi habitación :) Y desde aquí, mi agradecimiento a HolaLienzo por el regalo, la paciencia, y el buen trato que me proporcionaron a través de Ruth.


El lienzo te lo envían por UPS, y en todo momento, gracias a un número de seguimiento que te proporcionan, puedes saber donde está, y en menos de lo que imaginas, llega en unas condiciones perfectas a tu casa.


Desde luego, algo que a partir de ahora tendré en cuenta a la hora de hacer regalos originales :)

sábado, 27 de noviembre de 2010

Carnocho

Había una vez, un país muy lejano del que todos sus habitantes eran de madera. De madera eran las mujeres, los hombres y los niños, y había en ese país, un hombre de madera que triste estaba. "Dios mío, estoy desesperado". Este hombre era carnicero y triste estaba porque no podía tener hijos. "Cuanto me gustaría tener un hijo". Como no podía tenerlos, decidió en un momento de lucidez, fabricar un niño. "Hijos no tengo ni podré tener, mas, ¿por qué no fabrico uno? Lo podría fabricar con trozos de carne y huesos de mi carnicería".

Un niño de carne metido en el puchero

Y eso es lo que hizo, fabricó un niño de carne y huesos con las mejores viandas de su carnicería, y una vez lo hubo terminado, mirolo a la cara y díjole: "Como estás hecho de carne, a partir de ahora te llamarás Carnocho". el pequeño Carnocho cobró vida y amó con locura a su padre, el carnicero. Pero triste estaba Carnocho: "Triste estoy, me gustaría ser un niño de verdad, un niño de madera".

Quiso Dios que en el país de al lado, estuviera ocurriendo al mismo tiempo, pero justo justo al mismo tiempo, otro cuento, el famoso cuento de Pinocho, que todos vosotros conocéis. Los dos países limitaban por un espeso bosque. Un buen día, Carnocho y Pinocho encontráronse en los límites de sus respectivos países y de esta manera se hablaron: "Hola, me llamo Carnocho, ¿y tú?" "Yo me llamo Pinocho".

Hablando estuvieron un buen rato, contándose sus vidas, hasta que Carnocho, habló diciendo: "Oye, ¿por qué no nos cambiamos los países de residencia, y los dos tan contentos? Mi padre es de madera como tú, y tu padre es de carne como yo". A lo que Pinocho contestó: "Vale, ok. Me voy a tu país, y tú te vienes al mío". Y de esta manera, Pinocho y Carnocho fueron felices, sin necesidad de estar metidos dentro de ballenas, ni sufrir tantas calamidades demasiado crueles para un niño. Y colorín colorado, este Cuento para Ulises, ha terminado...

Me he tomado la molestia voluntaria de transcribiros este cuento que escuché en la radio, obra y gracia de ese genio apellidado Ortega. Pertenece a la sección "Cuentos para Ulises", que todos los sábados realiza en el programa No Es Un Día Cualquiera, de Radio Nacional de España. Os los recomiendo, son irónicos, humorísticos... y con ese toque que tiene todo lo que toca, valga la redundancia, Juan Carlos Ortega. 

lunes, 15 de noviembre de 2010

Hasta siempre Mr Berlanga

"Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación". Esta frase, pronunciada por Pepe Isbert desde el balcón del ayuntamiento de Villar del Río en ¡Bienvenido, Mister Marshall!, tal vez sea la más célebre del cine español de todos los tiempos. La madrugada del pasado sábado nos dejaba Luis García Berlanga (València, 1921), un cronista de fracasos capaz de esquivar la censura y relatar, con su particular estilo, las miserias de un país agónico.

"Vecinos de Villar del Río, como alcalde vuestro que soy..."

Él era mucho más que películas como la citada ¡Bienvenido, Mister Marshall! (1952), Plácido (1961) o El Verdugo (1963). Cuando más difícil era lanzar verdades, porque estallaban en la cara de los estómagos agradecidos, y mostraban la triste realidad a quien no quería que lo callasen, él lo hizo. Con maestría e inteligencia lidió a la censura franquista, era más listo que ellos, y además, sabía como poder contar y denunciar la dureza de su tiempo, ironizada y buenhumorada.


Deja tras de si un gran legado, un completo universo propio, el berlanguiano, y una filmografía de más de veinte obras geniales dominadas por su estilo: cáustico, irreverente, mordaz, realista... repleto de humor negro e inteligente.

En un infinito plano secuencia, de esos que tanto le gustaban, quedará por siempre en la memoria de todos. Se ha ido el último austrohúngaro, un grande muy grande.

Hasta siempre Mr Berlanga.